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Números Simbólicos-Pasajes Bíblicos

numeros simbolicosEn esta sección queremos dar a conocer el significado simbólico de los números. El valor y significado de los números en los evangelios recoge unas veces el simbolismo que se les atribuía comúnmente en la época y otras veces depende de alusiones a determinados pasajes del AT; finalmente, pueden simbolizar la nueva realidad de Jesús . En la Biblia los números tienen tres significados distintos: cantidad, simbolismo y mensaje.

Primer sentido: LA CANTIDAD
Es un significado parecido al nuestro. Por ejemplo veamos: 1Rey 18, 1 2Rey 22,1 1 Rey 4, 7 Jn 11,18 .Estos números no son simbólicos ni encierran ningún mensaje oculto. Simple y llanamente se refieren a la cantidad de años, personas o distancia mencionadas en el texto.
En este significado no hay lugar para la confusión: lo que el número dice es lo que quería decir el autor.
Segundo sentido: EL SIMBOLISMO
Un número simbólico es aquel que no indica una cantidad, sino que expresa una idea, un mensaje distinto de él, que lo supera y lo desborda.

Tercer sentido: EL MENSAJE (sentido gemátrico).
En las lenguas hebrea y griega las letras tienen un valor numérico. Así el 1 sería la A, el 2 la B, etc. El número obtenido con la combinación de letras se llama gemátrico. En cada cifra podía haber escondida una palabra. La Biblia trae varios ejemplos de estos números gemátricos.

Uno. El número uno es el de la unidad. Su idea fundamental es la exclusión de las diferencias, porque no se puede dividir. Como número ordinal es el primero, el principio. Primeramente, pues, este número habla de Dios, como se puede apreciar en Deuteronomio 6.4: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.
Dos. Es el número de comunión, crecimiento y testimonio. “El testimonio de dos hombres es verdadero”, Juan 8.17. “Mejores son dos que uno”, Eclesiastés 4.9. “… donde están dos o tres congregados …”, Mateo 18.20.
La unión mal aplicada trae división, conflicto y enemistad; por tanto, dos simboliza también el poder de la maldad entre enemigos de Dios. “… en el segundo carro caballos negros”, Zacarías 6.2. La muerte segunda; Apocalipsis 20.14.
Tres. Es el número de la plenitud divina y del testimonio abundante. “En boca de dos o tres testigos conste toda palabra”, Mateo 18.16. El hecho de que haya tres personas en la Deidad testifica la abundancia del deseo divino de bendecirnos. La plenitud del testimonio del Evangelio está expresado en tres verdades en 1 Corintios 15: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día. Los tres días de viaje pedidos por Moisés para el pueblo de Israel testificaban de su separación de Egipto.
Cuatro. Es el primer número que admite una división sencilla, dividiéndose entre dos. Así que éste es el número de la criatura en su debilidad en contraste con el Creador. Es el número que simboliza la universalidad terrenal, y por esto tiene el sello de la debilidad en sí. Unos ejemplos son: “… los cuatro ángulos de la tierra”, Apocalipsis 20.8; “vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra que detenían los cuatro vientos de la tierra”, Apocalipsis 7.1. Hay cuatro razas humanas. El altar cuadrado corresponde a los cuatro puntos cardinales, dándonos a entender que el sacrificio de Cristo basta para toda la humanidad.
Cinco. Representa la gracia divina junto con la debilidad humana. El altar del tabernáculo tenía cinco codos de largo y cinco de ancho. Esto demuestra que, aun cuando Cristo fue crucificado en debilidad - 2 Co-rintios 13.4 - es por aquella muerte que la gracia divina se revela a nosotros.
Este número se puede separar en 4 y 1, o sea, la humanidad y la divinidad. Cuando David salió contra Goliat, escogió cinco piedras lisas. Salió sin armadura y en debilidad, pero contando con la gracia divina para destruir el gigante.
Seis. Este es el número del hombre, indicando el alcance del logro humano. Es el número de la imperfección en contraste con el siete, el número perfecto, porque lo mejor del hombre nunca alcanza la perfección. “El número de la bestia es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis”, Apocalipsis 13.18. La altura de Goliat era seis codos; otro gigante tenía seis dedos en las manos y en los pies; la imagen de Nabucodonosor era de sesenta codos de altura y seis de anchura. Durante las seis horas que Cristo estaba sobre la cruz los hombres llegaron al colmo de su maldad en su ira contra Él.
Siete. Es el número de la perfección divina. El séptimo día marcó la perfección de la obra creativa de Dios. “… los siete espíritus que están delante de su trono”, Apocalipsis 1.4, simbolizan la perfección de Dios el Espíritu Santo. El candelero del tabernáculo tenía siete lámparas, que se relacionan con los siete espíritus de Apocalipsis 1.4. 8 9
Muchas veces el número siete indica sólo una visión completa. Las siete cartas a las siete iglesias de Asia dan la historia entera de la Iglesia. Los siete sellos aseguraron completamente el libro. Las siete copas estaban “llenas de la ira de Dios”. Siete es la suma de cuatro más tres. Esto se ve en la visión completa del reino de los cielos dada en las siete parábolas de Mateo capítulo 13: las cuatro primeras tienen un aspecto externo del mundo, y las tres últimas revelan la mente divina.
Hay veces cuando el número siete representa la plenitud de la maldad, como por ejemplo los siete espíritus de Mateo 12.45 y las siete cabezas de la bestia en el Apocalipsis 13.
Ocho. Este número es introducido después del fin de un orden anterior. El octavo día es el primer día de una semana nueva, y así el ocho es el número de la resurrección. Nos habla de lo que es nuevo en contraste con lo viejo, sugiriendo un pacto nuevo o la creación nueva.
La circuncisión se practicaba el octavo día: “… al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo”, Colosenses 2.11. Esto se relaciona con la nueva creación en Cristo Jesús para buenas obras, Efesios 2.10. La consagración de los sacerdotes duraba siete días, y el octavo día ellos empezaron sus ministerios. La transfiguración fue al octavo día, y representa la edad nueva cuando “se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder”, 2 Tesalonicenses 1.7. El octavo salmo anuncia el reino del Señor.
Nueve. El número del Espíritu; el fin de la época. El fruto del Espíritu, Gálatas 6.22,23 consta de nueve cualidades. Son nueve los dones del Espíritu, 1 Corintios 12.8 al 10. En relación con el jubileo, Israel comía del fruto añejo hasta el noveno año, Levítico 25.22. A la hora novena Jesús expiró, Marcos 15.33 al 37.
Diez. Este es el producto de cinco por dos. Los diez dedos de las manos y de los pies nos señalan respectivamente la capacidad del hombre para hacer y andar bien. La medida de la capacidad es la medida de la responsabilidad, y la medida de la responsabilidad determina el grado del juicio o de la recompensa. Hubo diez plagas en Egipto.
Los diez mandamientos estaban escritos en dos tablas, e indicaban la medida de la responsabilidad del hombre. En las diez vírgenes de la parábola de Mateo 25, la responsabilidad está puesta en vigor. Los diezmos demandados por Dios a Israel son indicación que su ganancia estaba compuesta de diez partes, de las cuales Dios recibía una en reconocimiento de su soberanía.
Doce. Es el número de la administración o de la soberanía manifiesta. Los doce meses indican la administración de Dios en la naturaleza; las doce tribus igualmente demuestran su administración en el gobierno de Israel. Los doce apóstoles tienen que ver con su administración en el cristianismo. Los doce nombres sobre los hombros del pontífice de Israel son figura de la administración del Señor en poder a favor de su pueblo, mientras que las doce piedras preciosas sobre su pecho son símbolo de su administración en amor.
Veinte. Este número es el producto de cuatro por cinco, y tenemos que buscar su significado en estos dos. Ya hemos visto que cuatro es el número universal y que cinco significa la gracia divina frente a la debilidad humana. La puerta del atrio del tabernáculo sirve de ejemplo para ilustrar lo que significa este número; aquella puerta tenía veinte codos de ancho, un símbolo apto de aquella gracia que ofrece entrada libre a la salvación a todo pecador. El perímetro del altar de bronce era de la misma medida, o sea, de veinte codos. Fue por el sacrificio de Cristo prefigurado por aquel altar, que Dios demostró su gracia hacia los de los cuatro puntos cardinales del mundo.
Veinticuatro. Adoración a Dios y gobierno de Dios en los cielos. Juan vio veinticuatro tronos y ancianos alrededor del trono, Apocalipsis 4.4. Primicia de esto se encuentra en los veinticuatro turnos de los sacerdotes de Salomón con sus divisiones de 2400 personas cada
una. Este número es la realización eterna de todos los atributos positivos en dos, tres, cuatro, seis, ocho y doce.
Treinta. Está asociado con el comienzo de la productividad después de un período de preparación. Véase sesenta para el fin de este ciclo. “Era José de treinta años …”, Génesis 41. “Era David de treinta años”, 2 Samuel 5.4. “Jesús mismo al comenzar su ministerio era de como treinta años”, Lucas 3.23. A Daniel le fue dado un lapso de treinta días para ver a quién servía, 6.7. Treinta figura en el arca de Noé, el tabernáculo de Moisés y los templos de Salomón y Ezequiel, mayormente en relación con recintos provistos para comunión con Dios.
Cuarenta. Es otro múltiple de cuatro, pero esta vez con diez. Hemos visto que el diez es la medida de la plenitud de la responsabilidad del hombre hacia Dios y hacia su prójimo; así el cuarenta es el número de la prueba. En el diluvio llovió cuarenta días y cuarenta noches sobre la tierra: una catástrofe universal. Noé esperó cuarenta días después del decrecimiento de las aguas antes de abrir la ventana del arca. La vida de Moisés fue dividida en tres períodos de cuarenta años. El pueblo de Israel pasó cuarenta años en el desierto.
Los reinados de Saúl, David y Salomón duraron cuarenta años cada uno. A los hombres de Nínive les fueron dados cuarenta días para arrepentirse. El Señor estuvo en el desierto cuarenta días, donde fue tentado por Satanás. El ascendió al cielo cuarenta días después de su resurrección.
Cincuenta. Es típico de la libertad y la redención. “Santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra”, Levítico 25.10. “¿No perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos?” Génesis 18.24. “Tome tu cuenta … y escribe cincuenta”, Lucas 16.6. Como complemento a la libertad, cincuenta habla de la bendición impartida en el poder del Espíritu. Hubo cincuenta días entre las primicias de una cosecha y otra, Levítico 23.16; compárese Hechos 2.1: “pentecostés” o cincuenta. El Señor dio los panes a grupos de cincuenta.
Sesenta. Este número es usado para significar el alcance de cierto límite, pero no la plenitud. Los únicos hijos de Isaac nacieron cuando él era de edad de sesenta años, Génesis 25.26. La semilla produjo a treinta, a sesenta y a ciento por uno, Marcos 4.8. La viuda no menor de sesenta años recibe una atención especial, 1 Timoteo 5.9.
Setenta. Este número es el producto de diez por siete, y significa la perfección divina unida a la respon-sabilidad humana. Así, Dios mandó a Moisés a escoger setenta ancianos para que gobernasen a Israel, en contraste a la organización que le había aconsejado Jetro. La ofrenda de cada príncipe fue de setenta siclos de plata; Números 7.13. El pueblo de Judá estuvo cautivo en Babilonia por setenta años. Cuando Pedro preguntó a Cristo cuántas veces debía perdonar a su hermano, el Señor le contestó que debía hacerlo setenta veces, Mateo 18.22. El Señor envió a setenta discípulos a predicar el evangelio, Lucas 10.1.
Cien. Sugiere la plenitud. “… aunque un hombre engendrare cien hijos; aunque el pecador haga mal cien veces”, Eclesiastés 6.3, 8.12. “… recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”, Mateo 19.29.
Mil. Encierra la idea de una gran cantidad pero en contraste con otra cantidad todavía mayor. “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles”, 1 Samuel 18.7. “Midió mil codos, y me hizo pasar … Midió otros mil, y era un río que yo no podía pasar”, Ezequiel 47.3,5. Los mil años del glorioso reino terrenal son a su vez representativos de la eternidad mucho más glorioso y sin fin.
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Diez mil. Una cantidad innumerable. “¿Cómo podría perseguir uno a mil, y dos hacer huir a diez mil, si su Roca no los hubiese vendido?” Deuteronomio 32.30. “Aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres”, 1 Corintios 4.15.

NÚMEROS SIMBÓLICOS EN LA ASTROLOGIA

numerologia, numeros simbolicos, numeros biblicosNumeros Simbolcios: Cada número forma una esfera de realidad propia, individualizada, que emite influjos por cauces de analogía y proporción y crea misteriosas relaciones en la gigantesca conexión universal. Esta concepción que introdujeron los pitagóricos en sus enseñanzas secretas, y que igualmente asimilaron culturas tan antiguas como la hebrea y la árabe, ha sido avalada por los Mensajeros, tanto en el A.D.A.M.A. como en el Libro de Samahel. El número no sólo actúa en el inconsciente del hombre, sino que puede afectar parapsicológicamente a su entorno vital. El número es guarismo mágico, expresión de estructuras eidéticas (referentes a la esencia) y que trascienden del tiempo, casi, casi, como si se tratase de categorías angélicas. Estos razonamientos, que no parecen ser tan aventurados, han llamado la atención de los psicólogos de las profundidades.

CERO (0): El cero es un signo numérico que no muestra por sí determinación cuantitativa específica. Representa valores por sustitución y de ello deriva, en parte, su sentido simbólico. Los hindúes lo designaron con el vocablo “sunya”, que significa “vacío”. La introducción de este concepto, que parece guardar cierta analogía simbólica con las técnicas de los ascetas, (lograr el vacío interior e instalarse, de este modo, en dimensiones diferentes a las que configuran los sentidos externos), constituye una
de las aventuras más prodigiosas de la mente humana. Los mayas lo representaban con el grafismo de la espiral, estilización del dibujo de una concha o un caracol, que era también el signo de la regeneración periódica. El cero marca el paso a un nivel de orden superior. También representa la fuerza inadvertida, secreta, que viene a incrementar la realidad a la que afecta, impulsándola hacia niveles superiores.
El cero corresponde al Loco o Mat del Tarot, la carta sin número, pero que juega un papel decisivo junto con los otros Arcanos Mayores.
UNO (1): Este número es el Centro Místico del que deriva toda Luz y Multiplicidad. Corresponde al Principio que se oculta tras la diversidad de las apariencias. También alude al hombre, como ser que participa de la
verticalidad, asociado a una creación ascendente, lo cual a veces se expresa simbólicamente en la imagen de la piedra vertical, del falo erecto y del bastón. Del UNO deriva todo. Los hombres del Paleolítico empezaron marcando signos unitarios para establecer sus series numéricas que expresaban movimientos astrales. Estas series, a su vez, constituían unidades de órdenes superiores que delataban la trascendencia de la
unidad en todo posible orden de fenómenos. El UNO es la base y el punto de partida de todo. Su símbolo iconográfico es el punto o un círculo.
DOS (2): El número DOS es enfrentamiento. De algún modo representa la negación que permite salir al encuentro de lo que se opone como distinto para asimilarlo. Expresa la división fundamental que permite, como consecuencia, la generación de nuevos aspectos de la realidad. Denota reflexión y significa un cierto equilibrio que se establece entre fuerzas contrapuestas. Constituye signo y cifra de todas las ambivalencias, de todos los desdoblamientos. Es el símbolo de la madre y, por ende, alude al principio femenino. Toda realidad tiene dos aspectos, uno positivo y el otro negativo. La reconciliación de esta realidad fundamental, deber ser, místicamente llevada a término (el yin y el yang de los orientales). Iconográficamente se le simboliza por un semicírculo; también en otras culturas por medio de dos
gemelos o de animales dobles (doble águila, doble león, etc...) 2
TRES (3): El número TRES representa una cifra que, fundamentalmente, expresa la esfera divina en la dimensión de lo absolutamente trascendente (la Trinidad de muchas religiones y culturas) o bien la suma de los dos primeros números como expresión de la fusión de lo celeste en lo terrenal. Manifiesta las tres manifestaciones o “rostros” de lo temporal: Pasado, presente y futuro. Alude también a los tres modos de acción fundamental: Producción, conservación y destrucción. Simboliza igualmente de lo que estamos constituidos: Espíritu, alma y cuerpo. Es una cifra fundamental que aparece dotada de especiales poderes mágicos, determina el cabal pensamiento, la palabra eficaz y la acción certera. Iconográficamente se representa principalmente por medio de un triángulo equilátero, también por un tridente, el triglifo y otras figuras.
CUATRO (4): Desde la época más remota, el CUATRO expresa el mundo y sus dimensiones; la materia y sus componentes (los 4 elementos). También significa la totalidad, la ordenación en cuatro direcciones (puntos cardinales). El CUATRO también alude a lo perecedero y la fuerza de lo organizado (las 4
estaciones). Cuatro son los Grados Hierárquicos de la Orden Santa: El Caminante es el “aire” o “soplo” para iniciar su camino; luego el Consagrado se quema en el “fuego” del propósito para limpiarse en el “agua” del saber supremo como Consagrado Excelso y, finalmente, convertirse en semilla de la “tierra” como maestro del Efecto o Reconocedor de Caminantes para fructificar mostrando humildad.
El CUATRO se representa iconográficamente como un cuadrado, o bien como una cruz de brazos iguales. Como dato curioso apuntaremos que 4 son los Seres de la Luz y los Ayudantes del Sacerdote Espiritual.
CINCO (5): El número CINCO es símbolo del hombre. Cabeza, brazos, piernas, como una estrella, ésa es la imagen prototípica del ser humano. Los pitagóricos se reconocían entre sí mediante el pentalfa o estrella de cinco puntas a la que conferían especiales poderes. El número CINCO expresa también el medio o la transición entre dos esferas de realidad que se complementan y de algún modo se oponen. Puesto que el hombre es un organismo dotado de capacidades especiales de percepción, el cinco, no sólo expresa los cinco sentidos clásicos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) sino el signo y cifra de la capacidad de captar, así como la tendencia a lograr la más intima y depurada naturaleza de cada cosa: su “quintaesencia”. Como conclusión, esta cifra viene a expresar los anhelos, un tanto paradójicos y contradictorios, de ese macrocosmos que es el hombre. Aunque no debemos olvidar que un cosmos es siempre un equilibrio
que se transforma, que se altera, que cambia, y que por tanto tiende a un cierto caos, es decir, a un
“punto de desorganización”. Iconográficamente se le representa por medio de una estrella de cinco puntas o también por un pentágono. Cinco son los componentes de la Corte Máxima y la Corte de la Luz.
SEIS (6): Este número entraña la perfección en potencia, el poder en su fase contenida. En simbología oculta y mística, esta cifra corresponde a dos triángulos de distinto signo: uno con el vértice hacia abajo; otro con el vértice hacia arriba que simbolizan la Unión de la Materia y el Espíritu. Son las actividades ternarias de tendencia opuesta que expresan una posible tendencia hacia la luz o la materia. Por ello, refuerza los aspectos antagónicos que el CINCO muestra como estructura activa.
En el SEIS las contradicciones se convierten en algo mucho más manifiesto. Por eso aparece como “medio” o “prueba” del mundo moral. El hexágono o figura de seis lados, aparece como el campo mágico de los dos triángulos equiláteros en doble imbricación. El SEIS está relacionado con las etapas de la creación y con las cifras de los dos gemelos masculinos (Efectista y S. Espiritual).
SIETE (7): El septenario, de muy antigua tradición, corresponde básicamente a la unión del ternario divino y del cuaternario material. Designa la totalidad de los órdenes planetarios como proyección de las energías que proceden del espíritu del hombre. Ya se señala desde antiguo que la fuerza de las estrellas está en 3 nosotros. Cada período lunar dura siete días, y los cuatro períodos del ciclo lunar corresponden a la suma de los siete primeros números. Siete son los Ángeles y Energías de los días de la semana, las notas musicales, los colores del arco iris, los Palacios Místicos, las Virtudes, los metales mágicos, los “chakras”, los Ángeles Superiores, los pasos hasta alcanzar la verdadera Iniciación, los puntos energéticos del planeta,
las Órdenes de Humiel, las Montañas Místicas, y un largo etc. Por estos y otros motivos, el SIETE ha representado en muchas culturas la expresión de un ciclo completo, la entrada en un nuevo período de transformación y la “totalidad de la acción cumplida”. Iconográficamente se le representa por medio de la Menorah de siete brazos.
OCHO (8): El OCHO es el número de las direcciones cardinales a las que se han añadido las direcciones intermedias (rosa de los vientos, puerta del Este del Templo de los Caminantes, etc...). Está considerado como símbolo de la totalidad del arquetipo cósmico. En el cristianismo, el OCHO representa a Cristo y la resurrección del hombre transformado por la gracia. Es una cifra pura y ajustada por estar compuesta por elementos dobles y hallarse éstos revestidos siempre de una carácter positivo. Iconográficamente se le representa por medio de una cruz doble con ocho brazos iguales, o por la superposición de dos cuadrados que señala en ocho direcciones equidistantes.
NUEVE (9): Los antiguos egipcios denominaban al número NUEVE “la montaña del Sol”, pues la “gran novena” expresaba la evolución en tres mundos: natural, intelectual y divino, divididos a su vez en la dialéctica
ternaria de Osiris – Isis – Horus, que representaban respectivamente la Esencia, la Consistencia sustancial y la Vida. Según el pueblo hebreo, nueve son las órdenes angélicas, lo mismo que consintió Dionisio Areopagita para definir las órdenes o categorías angélicas para el Cristianismo. El NUEVE es principio y fin a la vez. Expresa el último número de una serie y la aparición de una nueva realidad en un plano superior. Corresponde a la imagen de todo lo que ha sucedido. Es el número de los antecedentes determinantes. Representa la culminación de todo proceso y articula la imagen de los tres mundos en composición interior. Está relacionado con la capacidad de identificarse con otras realidades, con la comprensión y la plenitud espiritual. Se le representa como tres triángulos equiláteros superpuestos, o como una Menorah de nueve brazos, tal y como hizo el pueblo hebreo tras el saqueo del Templo por los romanos en el año 70, dejando de
representar la Menorah de siete brazos hasta que el Templo fuese reconstruido de nuevo.
DIEZ (10): Significa la plenitud que cierra el ciclo. Los pitagóricos juraban por el número 10 o TETRAKYS mediante esta fórmula: “Por la tetrakys que encierra el origen y raíz de la naturaleza eterna”.
El 10 se refiere a la totalidad en su movimiento y connota los grandes arquetipos de su articulación interior y secreta. Con todo, en el interior del 10 se halla, de algún modo, la dualidad del 5; ello le confiere la dinámica especial de aquel número. En la antigua China se le relacionaba con el tiempo, en lo que tiene de cambio
y transformación. Los cristianos lo contienen en los diez Mandamientos, y en el habla “bambara” (lengua interétnica de Malí), el simbolismo del diez equivale a la fortuna, debido a que expresa el momento de máxima plenitud en un proceso de creación.
ONCE (11): Si el 10 es plenitud de un ciclo concreto, el 11 es como un desbordamiento, representa el comienzo de una renovación de los ciclos vitales, y a la vez, una comunicación con esas mismas fuerzas.
Once es el número de la lucha interior, de la rebelión, e incluso, en ocasiones imprevisibles, la trasgresión de la Ley. El número once, se representa en hebreo con una “yod” y una “alef”; y si buscamos una palabra que sume 11, nos encontramos con las siguientes: ¿Dónde?, ¿Cómo?, ¿Cuál?, ¿Qué?. Este número simboliza el Aprendizaje en el Camino, al Discípulo que desea estar Consagrado (22), y al Iniciado que busca al Maestro (33). 4
DOCE (12): Este número simboliza el universo en su desarrollo cíclico espacio-temporal. Es el resultado de la combinación del 4, el mundo espacial, con el 3; el tiempo sagrado (3 x 4 = 12) y así su producto nos habla del mundo acabado, de la “Jerusalén Celestial”: 12 puertas, 12 estrellas, 12 meses del año, 12 frutos del
Árbol de la Vida, 12 hijos de Jacob, 12 tribus de Israel, 12 apóstoles, 12 signos del zodíaco, 12 gemas en el pectoral del Sumo Sacerdote y el mismo número en el del Sacerdote Espiritual, 12 caballeros de la mesa redonda, 12 Guardianes del Graal...12 Dobles. Doce pentágonos tocándose por lado de cara, forman un dodecaedro, expresión del Universo, entero (paso de la 2ª a la 3ª dimensión). Medimos el tiempo en 12 horas, diurnas y nocturnas, como algo completo, al igual como hemos dicho, que el año es un compendio de doce meses, y en la representación de los doce apóstoles, Matías sustituye a Judas para que la alegoría, personificación y significación del 12 siga perdurable. La doceava letra del alfabeto hebreo; la Lamed, es la más alta por su aspecto, y nos impulsa a elevarnos a través del estudio; -Limud-, la unificación –Likud- y nuestro corazón –Leb-, en una perenne y confiada oración.
TRECE (13): Históricamente este número produce rechazo, pero como todas las cosas, tiene su parte positiva puesto que todos los números pueden interpretarse como una potencia generadora. Todo lo podemos ver
desde la luz o la sombra, porque ambas nos conforman y acompañan, pero “está en nuestras manos” el quedarnos en una u otra. En el mundo griego, el 13 era Zeus, el más poderoso y sublime entre los dioses del Olimpo. Otro personaje mítico, Ulises, quien escapó del apetito devorador del “cíclope”, era, curiosamente, el miembro decimotercero de su grupo. El Arcano 13 del Tarot, la Muerte, nos indica cambio, transformación, un nuevo caminar y una nueva forma de actuar. Jesús y los doce apóstoles sumaban 13, y su símbolo está basado en las palabras “Ajaba – Ejad – Boju” (Amor – Unidad – Vacío) En Kábalah se mantiene igualmente el grupo de trece (doce estudiantes y el que transmite) como símbolo de amor, unidad y vacío para recibir la Sagrada Enseñanza. Y esto también lo reitera el Ángel Humiel al comunicar el número de integrantes de los grupos de la Orden Santa, al igual que los componentes de la Orden de Miguel y Uriel.
En el Árbol de la Vida, la suma de los valores del pilar derecho: Sabiduría, Misericordia y Victoria (2 + 4 + 7 = 13) también nos da 13.
VEINTE Y DOS (22): Junto con el 11 y el 33, el 22 es uno de los tres números maestros que no ha de
ser reducido a la unidad, pues por sí solo tiene un mensaje esencial y único. Son 22 las letras del alfabeto hebreo, cada una de ellas con su fuerza vibracional y su sentido numérico, simbólico y ontológico que nos remite a la propia esencia de la cosa nombrada. No es casual que 22 sea el valor de las palabras hebreas: unirse, juntarse, asociarse, favor, servicio, gratuito, unión conyugal, favorito, apreciado, devolver, restituir, trigo, fijar o determinar. Es pues el número con el que se asocia al Consagrado, al Caminante que ha alcanzado la Consciencia de Servidor y que une la materia con la Espiritualidad. El Avesta, (colección de los libros sagrados de los antiguos persas) estaba compuesto por 22 capítulos y su libro de oraciones de 22 plegarias. Veintidós son también los Arcanos Mayores del Tarot, un hermoso laberinto repleto de claves para lograr nuestro propio desarrollo espiritual. El Tarot, es mucho más que un mero instrumento de “adivinación” o un código de símbolos. Es un infinito haz de significaciones que sólo nos responden si nos aproximamos a él con respeto y amor. 5
TREINTA Y TRES (33): Junto al 11 y el 22, forma la triada de los números maestros en numerología. Representa las vibraciones cósmicas que inspiran los verdaderos Maestros y Guías de la Humanidad, y es a ellos a quienes simboliza. Representa el ideal del amor en su más pura expresión, no sólo amor por el entorno, sino que por la humanidad entera. Dicho significado simbólico, también lo asume la tradición Cristiana al puntualizar la muerte de Jesús el Nazir a los 33 años, hecho que, históricamente, está demostrado no fue cierto. El 33 nos habla del equilibrio de las cualidades morales y espirituales. En
hebreo este número es la suma de los valores del ropaje del Sumo Sacerdote, de regocijarse, festejar,
fuente, manantial, esperar, confiar, purificación, limpieza, que nos confirman todo lo anteriormente expuesto.
El 33 nos impulsa a caminar hacia el 34, valor de la palabra de DIOS PADRE, suma de sus letras; Alef –
Lamed,– Alef – Bet (el AB) del que todo proviene y todo lo contiene en un sentido de unicidad, más allá del de la unidad.
TREINTA Y SEIS (36): Una famosa leyenda hebrea afirma que el Mundo permanece apoyado en 36 Justos, quienes, incógnitos pero unidos, sostienen al Mundo sin que nadie pueda identificarlos pues se mantienen en el anonimato cumpliendo su misión sin vanagloriarse por ello, ya que trabajan por Amor, con Justicia, Verdad y Sabiduría. Siempre son 36 y si uno muere, otro le reemplaza, manteniéndose firmes como una roca o columna que une cielo y tierra. 36 es el resultado de 12x3 en lo que estos dos números simbolizan. Multiplicado por 2, nos resulta 72, y por 4, nos muestra el 144. Son también 36 los decanatos Astrológicos y sus Ángeles. Del mismo modo, las tres manifestaciones de los 12 Dobles también equivalen curiosamente a esta misteriosa cifra. También son 36 las personas que, según los Dictados Angélicos, son los Veladores del Libro de Samahel y también, según el mismo texto, el número de los Mundos del Adonay donde están representados el Efectista y el Sacerdote Espiritual. El 36 es un número de; Rescate, Sublimación, Conclusión, Reacción, Afirmación y Realización que finaliza en el éxito del Espíritu
CUARENTA: Es el número de la espera ante las pruebas, precursor de una transformación. Quedamos en “cuarentena” hasta haber superado una epidemia o enfermedad. 40 es el valor de la letra MEM, que simboliza el agua y la meditación. Curiosamente fueron 40 días y 40 noches los que Noé pasó en el Arca, antes de pisar tierra firme tras el Diluvio. 40 años fue el tiempo que
el rey David reinó y consolidó la unión de las doce tribus de Israel. 40 años tenía Moisés (Moshe: “El
que medita en el fuego”) cuando fue llamado por Jehová, y 40 los días que pasó en el Monte Sinaí,
antes de que fueran entregadas las Tablas de la Ley. 40 años que pasaron por el desierto tras su huida
de Egipto. Jesús fue presentado al templo a los 40 días de nacido; sufrió las tentaciones en el desierto,
de las que salió victorioso, a los 40 días y resucitó a las 40 horas en el sepulcro. Resulta curioso comprobar que igual valor 40 tienen las palabras en hebreo: Salvado, Liberado, Rescatado, reforzando el mensaje de la letra MEM, que nos muestra el paso de una prueba a un nuevo nacimiento. ¿Y no es en el agua del líquido amniótico de nuestra madre, donde pasamos 280 días (40 semanas) para pasar la prueba del nacimiento a una nueva vida?.
SETENTA Y DOS (72): El triángulo equilátero es un símbolo del fuego, del corazón, de la armonía y la proporción. Recibe el nombre de “Triángulo Sublime” (Pentalfa para los esotéricos) el que tiene 36º en su ángulo superior y 72º los dos ángulos de su base. 72 es el valor numérico de la cuarta Sephira JESED, en el Árbol de la Vida, cuyo significado es; Clemencia y/o Misericordia. El Zohar cuenta que Moisés pronunció el Santo Nombre de 72 letras, que Dios le había revelado en la “zarza ardiente”, al recibir las Tablas de la Ley en el Sinaí. Son 72 los peldaños de la escalera que Jacob soñó en Bethel por la que subían y bajaban los Ángeles, y según el Libro de Samahel; 72 son los escalones que conducen a la Gruta de las Maravillas donde se oculta el Grial, el número de los 6 Consagrados Excelsos de la Orden Santa, los nombres Divinos, los Ángeles de Sabiduría emanados por Metatrón, las gemas del collar que ostenta el Sacerdote Espiritual, las horas que debe permanecer este mismo Grado de Conciencia en meditación durante su Consagración... y así sucesivamente. Éste es un número metafórico, pero con un profundo mensaje de Logros Santos realizados, de Culminación de lo Sacralizado y la Sublimación de todo proceso.
CIENTO CUARENTA Y CUATRO (144): El nº 144 es el resultado de 12x12, la perfección (4x3, cuadrado multiplicado por el triángulo; tierra por cielo) por lo que se considera que la perfección se multiplica por ella
misma, sin olvidar que la multiplicación (12x12) es el símbolo del devenir humano. Matemáticamente, se considera al número Pi: π=3,1416 (si bien es un número infinito) unido profundamente al 12, ya que el entero 3, está a él unido (suma de 1+4+1+6=12) y si multiplicamos ambos volveremos a encontrarnos con el número que nos ocupa. La suma de los dígitos de 144, nos remite al 9, (1+4+4=9) al número de la verdad y el infinito, de los logros realizados. El número 144 simboliza “multitud” y aparece en varios capítulos del Apocalipsis de Juan. 21,17: “Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos…”, en 7,4: “Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil…”, en 14,1: “144.000 que tenían el nombre…”, y en 14,3 “... “Y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra...” . De este modo, podemos apreciar que el 144.000 encierra un mensaje metafórico que expresa; “Multitud de multitudes”, mientras que la cifra 144, doble de 72, que a su vez, es el doble de 36... representa la raíz de la esfera, la cifra de la perfección, la perfección multiplicada por ella misma.
SEISCIENTOS SESENTA Y SEIS (666): Encontramos en la Biblia este
número en varias ocasiones. En Reyes 10,14 se nos dice “El peso del oro que recibía Salomón en un solo año ascendía a seiscientos sesenta y seis talentos”. En Esdras 2,13 se habla del 666 como el número de los hijos de Adonicam, nombre que se traduce precisamente por; “Señor de los Enemigos”, y
en el Apocalipsis de Juan; 13,18 de nuevo se menciona a la Bestia; “… y su número es seiscientos sesenta y seis…” Sustituyendo los valores del número que os ocupa por letras del
alfabeto latino nos aparece ; DCLXVI (supuesto acróstico de las palabras): Domitianus Caesar Legatos Xsti Violenter Infertecit, que traducido vendría a decir: “Domiciano, César da muerte violenta a los enviados de Cristo” ... por lo que se pensó durante mucho tiempo que el 666 se refería al César; aunque también gemiátricamente se traduciría como; Nero Caesar (Nerón César) o posiblemente “Señor Negro” o “Señor de la Oscuridad” …, seguiremos pues investigando todas las posibilidades. MIL (1000): El número 1000 significa un gran ciclo en el que se incluyen sucesos de especial relevancia. Por ejemplo en el Apocalipsis de Juan podemos leer este símbolo: “Cuando hayan pasado mil años, Satán será liberado y saldrá de su prisión para seducir a los pueblos que se hallan en los cuatro confines de la Tierra..." También podemos leerlo en el Libro de Samahel, capítulo IV (“¿Qué es el color verde?”) donde se habla de los llamados “Mil Tiempos”, donde, como hemos señalado, se sucederán hechos de una especial relevancia.

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